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HUM – 2016 / Publicación, Instalación

Esta obra es varias cosas a la vez. Primero, una investigación de campo, sobre el encuentro del Río Negro con el Río Uruguay, realizada por Andrés Boero Madrid durante años; antes inclusive que esto fuera siquiera un proyecto. Hace casi una década se radicó en Villa Soriano, donde vivieron parte de sus antepasados generaciones atrás, y pudo ir hilando, pacientemente, una red de contactos y de historias para luego ir directamente hacia estos pobladores y los sitios concretos. Recorrió territorio, generó un trabajo exhaustivo de entrevistas y registros en diversos formatos, acuñó materiales, siempre en torno al conocimiento del pasado y el presente de esta zona y de sus habitantes. Luego de este trabajo, hizo partícipe a otros artistas que aportaron también a la investigación desde sus miradas particulares. Allí lo importante era más que nada aprender a escuchar y a mirar, de nuevo, de otro modo. Desde la sensibilidad y el respeto del que aprende.Hum, posteriormente, fue una muestra en un museo, que compartió los avances del proyecto; una obra artística formada por diferentes objetos y elementos, agrupados y combinados con pintura, proyección de video, luz y sonido. Allí estaban unidos, desde pinturas en barro a objetos encontrados: un farol, una cuerda de muelle, un cuchillo oxidado, un pedazo de ancla y otras decenas de objetos de esa misma zona y diferentes pasados. En una sala que, adrede, se hallaba bastante vacía, los elementos “flotaban” metafóricamente en un espacio abierto. Un vacío que permitió ver y escuchar y quizá incluso sugerir un navegar, con una tela o vela, izada e iluminada por el reflejo de la luna en el agua.

Finalmente, llega este libro, desde y a partir de lo anterior, que combina un gran conjunto de fotos originales del autor, inspiradas en las distintas vivencias, relatos, búsquedas y sensaciones que surgieron en este proceso de años en torno al río, en el paso del tiempo y el de sus pobladores, con una selección de fotos de archivo, familiares, históricas, cedidas por los habitantes de la zona durante las diferentes entrevistas, fruto de la investigación. Las fotos de Andrés están inspiradas también por la concreta subjetividad de su propia existencia cotidiana, como habitante de esa zona del mundo, marcada por el río. Sumado, si se me permite, esta obra es más que todo esto; es una excusa para que cada lector-participante, se identifique, con una subjetiva y enorme serie de signos, símbolos y arquetipos, que de algún modo le pertenecen, siendo, como son, parte de la historia de una comunidad. Una pequeña parte de la historia, siempre inacabada y en construcción, de la humanidad.

Estos vestigios, rastros, signos de nosotros mismos y nuestro recorrido, son también símbolos y metáforas de lo finito y pequeño de nuestro existir, ante la vastedad del universo al que pertenecemos. El río y su cauce, fuente de vida y de muerte, es también una metáfora acerca del devenir del tiempo y sobre la imposibilidad de recuperar lo pasado, lo ya vivido. Sobre el cambio constante, pese a la persistencia de los ciclos. Nunca somos los mismos y somos también sobrevivientes, que cargan consigo toda la historia sin conocerla. Entre el hombre que caza una gran bestia hace decenas de miles de años y este artista que vive hoy a la vera del río, hay sin embargo, en algún aspecto, una cosmovisión compartida. Salteándose o perpetuándose a través de generaciones, en ella hay un sentido de pertenencia a la tierra, de ser también el fuego y el agua, de ser también la propia presa que nos alimenta, el árbol, la luna y las estrellas. Esto tal vez, guía al autor en la caza de sus imágenes, en un proceso que proyecta el exterior hacia el interior de sí y viceversa.

Andrés, cineasta y artista visual, es también un cazador de animales de la emoción, de recuerdos y sentimientos, propios y ajenos, de vidas entrelazadas, hermanadas, de sensaciones atrapadas en imágenes imposibles de describir con palabras, de árboles, de montes, de cielos y ríos hechos de sentimientos. Cazador de las historias de su abuela, que de niña crece en las islas de río, corriendo, nadando y cantando libre, como una india, que hoy todavía recuerda el olor de aquel lugar. O del padre de ella, el bisabuelo leñador, de vida austera y una enorme fortaleza para sobrevivir en torno a la naturaleza.

Hay una energía que atraviesa el humo de una fogata casi eterna, el barro de una orilla que se cierne a nuestros pies, que continúa en nosotros y en el resto de los seres, las plantas y los tiempos. En esa dualidad que es la existencia, la luz, la fuerza del sol y sus sombras, o los reflejos de la luna mientras crea mareas en la oscuridad de las aguas, son el símbolo de algo inasible, maravilloso y a la vez inexorable. De un viaje hacia adentro, hacia el origen. Viaje que no permitirá llegar nunca a una meta fija y será siempre mágico e incompleto, como un sueño. Un espejo donde vernos junto al todo y siendo parte de él. El tiempo sigue su marcha. Miro las aguas, nuevamente, que corren plácidas por el enorme cauce. Cierro los ojos y me permito ese espacio conmigo mismo por unos segundos hasta volver a abrirlos. El tiempo es este instante. Respiro, el viento mece los árboles, aviva la corriente y a los recuerdos. Silencio.

Federico Naguil.

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Museo Lacán Guazú de Dolores

Imágenes, aromas y sonidos nos recuerdan lo que fuimos. Fugaces, aparecen fragmentadas, profundamente transformadas por la memoria colectiva y si nos lo permitimos, laten fuerte abrazadas a nuestras propias vivencias.El río bondadoso estaba ahí para ver las piedras que sirvieron de hachas, morteros, boleadoras, que delatan culturas que ya no están. El río baña hoy a algunos viejos, que en un acto de resistencia, viven arraigados a sus costas, mirando el cielo para predecir el futuro, pescando, cazando y respirando las lunas de las noches frescas.

Como el barro que mancha una tela, estamos destinados a desaparecer, como naturaleza a transformarnos una y otra vez. El hombre se amalgama con el paisaje en un íntimo diálogo de supervivencia.

El proyecto HUM es una investigación de territorio de la desembocadura del río Negro sobre el Río Uruguay, apoyada por los Fondos Concursables para la Cultura MEC, 2015. Durante el 2016 el documentalista Andrés Boero Madrid coordinó la investigación, de la cual participan diferentes artistas nacionales e internacionales. La zona de estudio fue desde la Isla Redonda hasta Isla Del Infante.

La investigación tuvo dos líneas de acción, una de ellas es el contacto con la gente que ha vivido en la zona, registrando sus memorias, recuerdos, vivencias, como también digitalizando sus acervos fotográficos familiares. La otra línea de acción estuvo directamente ligada al territorio por medio de “travesías”. El puntapié inicial fueron los relatos y en estas travesías se busca lo que perdura de esas memorias profundamente transformadas por el paso del tiempo.

Créditos / Credits

Realización / Concept: Andrés Boero Madrid
Asistente / Assistant: Lucas Mariño
Producción / Producer : Clarissa Guarilha
Presentaciones / Presentations
24 febrero y 4 de Marzo 2016, Museo Maeso, Villa Soriano
Artistas invitados / Guest artists: Agustina Triquell, Alejandra Gonzalez, Lucas Mariño
15 y 16 de Setiembre 2016, Museo Lacán Guazú, Dolores
Realización / Concept: Andrés Boero Madrid
Audios / Sound: Ignacio López Artigue (Disco HUM)
Asistentes / Assistants: Lucas Mariño, Vicente Di Fortuna

Publicación / Publishing
Texto / Text: Federico Naguil
Diseño / Design: Erika Bernhardt
Traducción / Translation: Patricia Antuña (LaMezcla!)

Archivos / Archive material: Jorge Charlo, Tony Vique, Miriam Maciel, Washington Silva, Juan (Paco) Artega, Museo Regional Santo Domingo Soriano.


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