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Barro – 2017 / Videoinstalación
Espacio de arte contemporáneo de Montevideo

Barro, retrato del hombre

Tiempo, hombre, familia, naturaleza. A lo largo de su camino creativo, Andrés
Boero Madrid articula estos temas en trabajos que, con frecuencia, conjugan
soportes artísticos diferentes. Video, fotografía, objets trouvés, entre otros
materiales, son entrelazados en videoinstalaciones y libros de artista como “Brazo
de Monte” (2014), “Caudal” (2014) y “Hum” (2016). En estos trabajos, se investiga
el ritmo de la memoria, entre continuidades y discontinuidades, olvidos y
recuerdos. Resultan de estas composiciones paisajes afectivos en los cuales
cuentan más los vínculos que ellos evocan y establecen que la descripción
documental de los elementos.

En “Barro” (2017), estas cuestiones se plantean de modo singular. Instalado en
una de las salas del EAC, el trabajo registra la impermanencia. Dos procesos se
sobreponen en continua tensión. Por un lado, la transformación del barro como
soporte para la proyección: Andrés propone un desplazamiento de tierra, del suelo
a la pared. Este pasaje de lo horizontal a lo vertical puede ser leído de diversas
formas. Propongamos dos. En primer lugar, al quedar en pie, el barro mira al
hombre en aquello que, según diversos autores, lo diferencia de los animales. Sin
embargo, en vez de devolverle su verticalidad trascendental, el barro se reseca y
sucumbe a la gravedad. Frente a la intemperie, el barro, en toda su materialidad,
no resiste. El barro cae: ¿No sería este el retrato adecuado del hombre?

El barro dispuesto verticalmente alude también a las taperas, bastante populares
en los interiores de los países latinoamericanos. Estas construcciones se integran
a su entorno inmediato, estableciendo continuidades entre el adentro y el afuera,
interior y exterior. Tales edificaciones no establecen, por lo tanto, un corte en la
naturaleza: es justamente esta especie de integración invisible que focaliza el
video proyectado sobre el barro. Sin embargo, si el barro sobre la pared sucumbe
frente a las intemperies, el video las revela en toda su potencia: ahí está la tensión.
Las imágenes muestran vientos, lluvias, nubes, sombras, toda suerte de fuerzas
naturales que inciden, no apenas en los elementos de la naturaleza, sino también
en aquellos rastros de construcción humana. De esta forma, el video expone
también el proceso temporal de descomposición de casas y viviendas, mientras
rastros humanos y ruinas dan paso a la naturaleza. Es ahí donde reside una de las
grandes fuerzas de “Barro”: frente al fatalismo anunciado por la crisis
del Antropoceno, la videoinstalación nos recuerda que el hombre puede destruir la
naturaleza, terminando, por fin, consigo mismo. Pero la naturaleza, en el tiempo
geológico de sus transformaciones, permanece, recuperando todo lo que, un día,
fue ilusoriamente construcción.

Manoel Silvestre Friques

Sobre la pared de la sala el barro se seca y cae. Este sencillo proceso de transformación es el eje estructural de la videoinstalación. La naturaleza está repleta de movimientos cíclicos, son estos los que inspiran las imágenes proyectadas.

Del hombre, sólo quedan sus rastros. Las taperas aparecen para recordarnos lo que fuimos y nuestro destino. Largas tomas registran la cadencia del paisaje que late; el árbol que tumba una pared, la planta que se arraiga a
un tirante caído. El viento lo invade todo y seca el barro, con él trae aromas sutiles de un lugar sin tiempo.

Espacio de arte contemporaneo de Montevideo
Temporada 26 / Sala 4
Imágenes: Andrés Boero Madrid
Sonido: Rubén Valdes

 

 


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